22 ago 2011

Pensando en Nataly (1)

En estos días, mis estudiantes han debido matricularse y a propósito de ello, y de las demandas por educación gratuita y de calidad en Chile, han dejado sus comentarios al respecto en las redes sociales. La mayoría de comentarios (casi el cien por ciento) se relacionan con el tema de la gratuidad: para muchos, la universidad pública es gratuita solo en el papel no en los hechos. En realidad, el problema es que no existe un verdadero sistema de créditos: si un estudiante no toma al menos 60% de las materias que le corresponden, pierde la gratuidad. Esto fue aprobado en Consejo Universitario (HCU) en febrero, los estudiantes acaban de enterarse y por eso afirman que la gratuidad es letra muerta. Sus críticas van hacia las autoridades universitarias pero ¿y los representantes estudiantiles ante HCU?, ¿informaron o no a sus compañeros?, ¿por qué no llamaron a movilizaciones para exigir un sistema de créditos real o demandaron la inconstitucionalidad del reglamento?, ¿qué explicaciones han dado a sus representados?, ¿por qué no se pide la revocatoria del mandato de los representantes estudiantiles si no están conformes con lo actuado? En la Universidad Central existe cogobierno, no hay que olvidarlo.

Los estudiantes a más de pedir gratuidad también deberían exigir al Estado el aumento del presupuesto para la educación: cuando se eliminaron los costos no hubo un aumento de partidas ni de presupuesto y no se consideró que era el poco oxígeno económico que tenía la universidad pública para, por ejemplo, contratar más profesores. Y, a más de gratuidad y presupuesto, deberían exigir y comprometerse con la calidad de la educación. De eso, oigo poco o nada.

A Nataly Maya (estudiante de la FACSO) le preocupan varias cuestiones más sobre las cuales considero se deben hacer ciertas precisiones. Sobre “la finalización de los contratos a profesores sin títulos de cuarto nivel (...) sin valorar su desempeño académico y su derecho al trabajo”, un punto de orden: la ley dispuso que los profesores a contrato sin título de cuarto nivel dejaran de dar clases; es decir, no fue una medida salida de la nada y se aplicó en todas las universidades. Por su parte, los profesores titulares tienen un plazo para obtener sus maestrías. ¿Realmente los estudiantes se pueden poner en contra de la mayor exigencia académica a los profesores?, ¿bajo qué criterios valoran el desempeño académico de los docentes? Mi opinión es que los profesores universitarios deben tener las más altas credenciales académicas: investigaciones, publicaciones, estudios. ¿Podemos estar en contra de esa exigencia? Más bien deberíamos alentarlas. Si un par de profesores sintió que fue una medida con dedicatoria, la afirmación de Nataly deja en evidencia la facilidad con la que los estudiantes se hacen eco de las afirmaciones docentes sin beneficio de inventario. Recuerdo que uno de esos colegas temporales dirigió decenas de tesis con pobrísima calidad investigativa (lo cual habla mal de su desempeño académico porque el director pone una nota y pasa un informe; es decir, garantiza la calidad del trabajo. ¿Sabían esto los estudiantes?) y otro no cumplió con numerosos encargos que la facultad le hizo: retrasó contratos, desapareció por semanas, no hizo entregas a tiempo y en algunos caso subcontrató a estudiantes de otras universidades para que hicieran su trabajo porque no estaba capacitado profesionalmente para ello (¿no habla esto también de su penoso desempeño?).

Otras cuestiones más le preocupan a Nataly y voy a referirme a ellas en otras entradas…

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