17 nov 2012

El Peluchín ya no está


10:00. Conocoto. Camino a mi casa hablando por teléfono. Cuelgo porque veo a Tetyana, mi vecina, pálida y llorosa. Me dice en un español con marcado acento ucraniano que un rottweiler atacó a sus perros: el Zharick, un husky bonachón, y el Peluchín, un cairn terrier gris, pequeño, viejito y juguetón. Su hija Natalia los había sacado a pasear como de costumbre y de la nada salió el rottweiler y mordió a los perros. Natalia regresó del paseo con Peluchín en brazos, muerto.

Cuando llegué ya habían llamado a la Policía. Se demoraron más de una hora. Vinieron solo porque, ante la demora, me animé a llamar a un amigo alto mando policial para contarle el caso. Llegaron diez minutos después de mi llamada (tengo mi 911 personal, pensé con vergüenza y coraje). Los policías luego le preguntaron a Tatiana qué cuál era su parentesco con el coronel.

El rottweiler cuidaba un terreno baldío. También había un guardia de especie humana que juró que el animal no había salido. Pero Natalia reconoció al perro. El dueño del rottweiler llegaría horas después y la policía debía volver al atardecer. No sé si lo hicieron.

A más de la muerte del perro a Tetyana, mi vecina ucraniana, le duele que si no era por un amigo, la policía no hubiese llegado o habría tardado más. Todavía llora cuando se acuerda que su hija pidió ayuda y una señora que veía la escena del ataque por la ventana, corrió las cortinas y no hizo nada. Y se asombra al saber que hay vecinos que se dedican a envenenar perros porque no quieren que paseen en ningún lado. Ni el Zharick ni la Matilda, mi pastor alemán, podrán salir otra vez porque nos da miedo que les hagan daño. Tampoco volverán a ladrar escandalosamente: el Peluchín era que el que daba la voz y ellos corrían a la puerta a hacerle coro. Como él ya no está, el día ha transcurrido con un triste silencio.

2 nov 2012

Valeria pregunta

Un día hace... ya debe ser un año, mi amiga Valeria me preguntó ¿qué pasa en Ecuador? Contestarle me llevó mucho tiempo. No sabía cómo ordenar todo lo que me gustaría decirle, todo aquello que callo o que digo a medias porque no quiero herir susceptibilidades.

La pregunta de Valeria tardó meses en llegar pero recibió una respuesta de casi treinta páginas. Cada párrafo fue un desahogo, un repaso por anécdotas y desasosiegos. Creo que lo que más me duele de la la actualidad es la incapacidad de encontrar grises a la situación, de asumir que somos constructores de la realidad que tenemos, aunque nos asuste, aunque nos cueste reconocerlo. Esto que vivimos es un producto nuestro, un reflejo de lo que somos, de nuestras elecciones, aciertos y desaciertos.

Admiro los pueblos que asumen su historia, que no la niegan, que se entristecen por ella pero que la viven como una lección, que desmistifican héroes y dejan de corear consignas marciales. ¿Qué vamos a aprender de esto? ¿A no votar más por Correa? ¿A seguir confiando en él? ¿Existe el político perfecto del cual todo depende? ¿O se trata más bien de aceptar y reconocer las cosas como son y que transformarlas es un proceso largo y sostenido?


13 jul 2012

Hoy me duele España

Me duele desde hace tiempo pero hoy me duele más. He recibido con preocupación el alza del IVA, los recortes y reformas que no pararán hasta el próximo año. He visto con tristeza cómo aumenta la tasa de desempleo casi tanto como se afianza el cinismo de los banqueros. Me he indignado ante la indolencia de Andrea Fabra (diputada del PP por Castrillón) cuando ha dicho “que se jodan” los parados porque el problema es que no buscan empleo. Me he conmovido ante las voces de protesta que sin bajar el tono apelan a la sensatez y tratan de articular un discurso político a futuro.

Y en medio de todo esto me ha llegado de golpe la tristeza porque los afanes políticos en tiempos de crisis han tocado a la radio y televisión públicas. El primer paso fue la designación de un presidente de directorio con todo el poder. Lo que vino hoy como regalo de verano, al final de la temporada de grandes programas de la radio, fue el despido de Juan Ramón Lucas y la despedida de Toni Garrido que no sabe si volverá en septiembre.  

Asuntos Propios ha sido para mí un referente de lo bueno que se puede hacer en la radio, de la honestidad del periodismo y del altísimo valor de los medios públicos. Algo que en este país en el que vivo simplemente no se encuentra. Toni Garrido se ha despedido hoy de sus oyentes por si acaso. Sus palabras se dirigieron a recordar su compromiso y el de su equipo con el sentido de un medio público: hablar con la verdad o con la conciencia de que no se la está diciendo. Ha recordado que los periodistas se creen líderes de opinión, que su ego llega quince minutos antes a las reuniones de directorio, que determinan lo que es importante y que su engreimiento no les permite ver que eso lo conoce la gente de la calle. Y todo lo que ha dicho -hasta hoy- lo ha hecho sin perder los modales, con la transparencia de su voz y de su inteligencia. Toni ha dicho adiós a sus oyentes no sin antes recordarles que el rendimiento económico de un medio nunca puede mermar el pensamiento crítico. Así es… pero pocos lo quieren decir. Hoy España me duele porque ya no basta con el dinero también quieren llevarse la palabra.

24 ago 2011

Derecho de pernada a la universitaria

Parto por dejar sentado que tengo una mentalidad de lo más amoral y lo digo porque se puede ver en lo que voy a decir un cuestionamiento moralizante cuando, en realidad, mis observaciones son éticas.

En un principio tuve ideas bastante laxas sobre las relaciones románticas entre estudiantes y profesores (de lo que conozco, casi al cien por cien de estudiantes mujeres con docentes varones). Me parecía que era posible que se estableciera una relación entre iguales de enriquecimiento mutuo aunque fuese efímera. Pensaba esto porque partía de la honestidad y de la claridad de los actos de los involucrados. Conocí de quienes incluso al enamorarse de la estudiante le pedían que se cambiara de paralelo o iniciaban su relación una vez que dejaban de ser profesor-alumna, lo cual me parecía ético y una demostración de madurez.

Con el tiempo supe de casos que echaron por tierra mi ingenuidad y me dejaron en claro que la cuestión, dada la inexistencia de sanciones, iba del acoso puro y duro al abuso de poder, en clara demostración del machismo más repulsivo, en donde no cabe –como defensa- el supuesto consentimiento de ambas partes. No cabe porque el profesor parte de una posición de poder. No me digan que se trata de mayores de edad con harta experiencia amatoria y blablabla porque hay quienes parten de la superioridad que les da el cargo para acercarse a una veinteañera. Se parece todo esto al “tirarse a la chola” al cual hace referencia Vargas Llosa a propósito del caso Strauss-Kahn. El “tirarse a la estudiante” lo practican hombres de mediana edad que no pueden establecer relaciones con mujeres de treinta en adelante. En el caso de ellas, no se podrá negar la búsqueda de una figura paterna, y no dejo de pensar que si hubiesen tenido una verdadera educación sexual…

Los casos a los que me refiero en universidades del primer mundo se sancionarían con la expulsión del docente: hay profesores que se dedican a acosar abiertamente (frente a sus compañeros) a las estudiantes y ellas no denuncian por miedo a represalias académicas, hay otros que tienen ciertas aulas o espacios de parqueadero como su motel particular, y también rondan por ahí profesores que salieron de otras universidades con acusaciones probadas de acoso. Conozco casos de docentes que seducían al mismo tiempo a un par de chicas y ambas pensaron que era una propuesta en serio, algunas de ellas han terminado con crisis nerviosas (ante un engaño el ser humano se duele y comienza a desconfiar de la vida en general). Sé de apuestas entre dos o tres profesores para saber quién llega primero. En general, se trata de una necesidad burda de fortalecimiento de la virilidad. Por eso creo, sin dudas, que urge una sanción. Obvio, las relaciones sinceras de amistad y laborales entre estudiantes y profesores, que den cuenta de crecimiento profesional y personal, no entran en estos casos.

23 ago 2011

Pensando en Nataly (2)


Otra de las cuestiones sobre la universidad que le preocupan a Nataly es que “en varias escuelas de la UCE no se hayan permitido las conformaciones de asociaciones de estudiantes”. Pone de ejemplo que el año pasado, en la Facultad de Comunicación los representantes estudiantiles elegidos no pudieron posesionarse porque, es cierto, se argumentaron cuestiones de derecho pero quedó un mal sabor de boca: quienes ganaron se habían tomado meses antes el edificio de la facultad en defensa de la gratuidad pero como hubo problemas con la instalación del proceso y otros asuntos relacionados con la ausencia de la presidenta de la junta electoral se anuló el proceso. Para los estudiantes hubo ganadores, para las autoridades, no. Lo cierto es que se cambió la chapa de la puerta de la asociación de estudiantes y no pudieron posesionarse… En lo personal, me parece que el quehacer político de la universidad no dista mucho del comportamiento que vemos en la política nacional.

De los procesos eleccionarios no participan quienes cursan el propedéutico (cuestión que también critica Nataly) y no lo hacen porque están en proceso para ser estudiantes universitarios, son pre-estudiantes: deben aprobar el curso para ingresar. Y eso ha sido así siempre. En toda institución y régimen hay normas y reglamentos que definen quienes participan en elecciones: por ejemplo, en la Central, los profesores titulares pueden elegir autoridades tras un tiempo en funciones, no inmediatamente; los menores de edad no eligen representantes ante los poderes del Estado; en algunos cuerpos colegiados, se deben cumplir requisitos para votar (no haber sido sancionado, estar al día en el pago de cuotas, tener un tiempo de afiliación), etc. Asimismo, los profesores a contrato eligen a sus representantes en la asociación respectiva pero no autoridades. Quizás, un cambio positivo en este punto sería que los profesores a contrato que tengan al menos cinco años de trabajo continuo, voten pero... ya he dicho que hay muchos vicios de la política nacional en el accionar político institucional y no me extrañaría que si eso pasare, haya quienes contraten alegremente a decenas de profesores con la sola intención de ganar una elección. Aunque no nos guste, la ley está ahí para frenar las pasiones más bajas del ser humano incluso, lo que se espera es que sean visionarias y eviten problemas a futuro.

Continuará…

22 ago 2011

Pensando en Nataly (1)

En estos días, mis estudiantes han debido matricularse y a propósito de ello, y de las demandas por educación gratuita y de calidad en Chile, han dejado sus comentarios al respecto en las redes sociales. La mayoría de comentarios (casi el cien por ciento) se relacionan con el tema de la gratuidad: para muchos, la universidad pública es gratuita solo en el papel no en los hechos. En realidad, el problema es que no existe un verdadero sistema de créditos: si un estudiante no toma al menos 60% de las materias que le corresponden, pierde la gratuidad. Esto fue aprobado en Consejo Universitario (HCU) en febrero, los estudiantes acaban de enterarse y por eso afirman que la gratuidad es letra muerta. Sus críticas van hacia las autoridades universitarias pero ¿y los representantes estudiantiles ante HCU?, ¿informaron o no a sus compañeros?, ¿por qué no llamaron a movilizaciones para exigir un sistema de créditos real o demandaron la inconstitucionalidad del reglamento?, ¿qué explicaciones han dado a sus representados?, ¿por qué no se pide la revocatoria del mandato de los representantes estudiantiles si no están conformes con lo actuado? En la Universidad Central existe cogobierno, no hay que olvidarlo.

Los estudiantes a más de pedir gratuidad también deberían exigir al Estado el aumento del presupuesto para la educación: cuando se eliminaron los costos no hubo un aumento de partidas ni de presupuesto y no se consideró que era el poco oxígeno económico que tenía la universidad pública para, por ejemplo, contratar más profesores. Y, a más de gratuidad y presupuesto, deberían exigir y comprometerse con la calidad de la educación. De eso, oigo poco o nada.

A Nataly Maya (estudiante de la FACSO) le preocupan varias cuestiones más sobre las cuales considero se deben hacer ciertas precisiones. Sobre “la finalización de los contratos a profesores sin títulos de cuarto nivel (...) sin valorar su desempeño académico y su derecho al trabajo”, un punto de orden: la ley dispuso que los profesores a contrato sin título de cuarto nivel dejaran de dar clases; es decir, no fue una medida salida de la nada y se aplicó en todas las universidades. Por su parte, los profesores titulares tienen un plazo para obtener sus maestrías. ¿Realmente los estudiantes se pueden poner en contra de la mayor exigencia académica a los profesores?, ¿bajo qué criterios valoran el desempeño académico de los docentes? Mi opinión es que los profesores universitarios deben tener las más altas credenciales académicas: investigaciones, publicaciones, estudios. ¿Podemos estar en contra de esa exigencia? Más bien deberíamos alentarlas. Si un par de profesores sintió que fue una medida con dedicatoria, la afirmación de Nataly deja en evidencia la facilidad con la que los estudiantes se hacen eco de las afirmaciones docentes sin beneficio de inventario. Recuerdo que uno de esos colegas temporales dirigió decenas de tesis con pobrísima calidad investigativa (lo cual habla mal de su desempeño académico porque el director pone una nota y pasa un informe; es decir, garantiza la calidad del trabajo. ¿Sabían esto los estudiantes?) y otro no cumplió con numerosos encargos que la facultad le hizo: retrasó contratos, desapareció por semanas, no hizo entregas a tiempo y en algunos caso subcontrató a estudiantes de otras universidades para que hicieran su trabajo porque no estaba capacitado profesionalmente para ello (¿no habla esto también de su penoso desempeño?).

Otras cuestiones más le preocupan a Nataly y voy a referirme a ellas en otras entradas…

9 ago 2011

Cuestión de educación


Los estudiantes chilenos están otra vez en las calles demandado educación de calidad. Por acá, por Ecuador, hace años hay mucho silencio. En realidad no recuerdo una sola manifestación estudiantil demandando educación de calidad: se ha exigido gratuidad, disminución en el pasaje urbano o se han sumado a las solicitudes de los grandes sindicatos, pero no han exigido educación de calidad.

¿Qué significa educación de calidad? ¿Qué sistema educativo de calidad quisiera? Uno en donde se acompañe al alumno, se vean sus capacidades más allá de sus notas, se lo aliente y no se lo humille; uno en el que los profesores sean personas de mente abierta dispuestos a entender, a enseñar a los otros a responsabilizarse de sus actos, a ayudar y guiar, a conectar con el ser que todos llevamos dentro y no solo a sancionar. Anhelo un sistema educativo en donde aquellos a quienes se vea con cualidades de inteligencia, humildad, paciencia y fomento de la libertad sean quienes eduquen. Me gustaría que los administradores del sistema (rectores, decanos...) no se preocupen por perpetuarse en el puesto o dejar en él a sus familiares o aliados políticos, sino que piensen en cómo brindar las mejores condiciones de enseñanza desde lo académico pero sin olvidar lo logístico, jurídico, nutricional, la salubridad ni el espacio físico.

Si tan solo los profesores transmitieran pasión por lo que enseñan y lo convirtieran en un juego, las puertas del aprendizaje se abrirían. Si se recordara día a día que aprender supone esfuerzo y que la exigencia debe ser valorada y no se debería huir de ella (pienso en los miles que buscan los profesores más fáciles porque lo único que les interesa es aprobar la materia), se vería más que la nota, el progreso en el aprendizaje. Si se planteará que la cívica es el respeto por el otro y que lo único antinatural es la intolerancia tendríamos ciudadanos más claros de sus deberes. Si los padres dejaran de infantilizar a sus hijos y los ayudasen a aceptar con paciencia y cariño sus dificultades y problemas (antes de exigir nuevos exámenes), no habría tantos problemas de ego y de maltrato entre compañeros de clase. Si se enseñase a admirar al otro en sus esfuerzos, a no juzgar, a ser humilde y agradecido por los logros propios y heredados, a saber que un título académico solo es una licencia que te permite hacer profesionalmente lo que siempre has soñado y no te sitúa encima de nadie, entonces tendríamos un mundo más amable, consciente del valor de cada individuo. Si se enseñase a ser creativo, a construir el propio trabajo, a tener esperanza en la propia vida (tenerla en el mundo es demasiado) en lo que se puede hacer con la propia vida, estoy convencida de que tendríamos menos amargura y desazón.

Se trata también de poner límites a quienes tienen más poder: la ética docente no puede permitir las relaciones románticas de profesores con estudiantes, ni ningún otro tipo de abuso de autoridad; debe cuestionar y evitar el nepotismo; castigar cualquier tipo de maltrato (emocional o físico) porque los insultos directos a los estudiantes no pueden permitirse; y ninguna autoridad puede manipular políticamente a los estudiantes bajo ningún concepto ni criterio. El sistema debe también promover y exigir mayor trabajo académico de sus docentes y evaluarlos periódicamente: los cargos no pueden ser vitalicios.

Lo que veo día a día en el sistema educativo me llena de tristeza: el plagio es la ley a seguir y se castiga poco (sospecho que los profesores no leen los trabajos de sus estudiantes), el discurso docente se repite de memoria porque es lo único que permite aprobar la materia (el enseñar a argumentar no es la norma, es la excepción), quienes logran destacarse académicamente están llenos de egos y poses (lo han aprendido del que tienen al frente), además, ridiculizan a quienes “saben menos que ellos” (no puedo dejar de pensar en Tránsito Amaguaña, esa mujer analfabeta que hizo tanto por la dignidad de su pueblo). A esto sumo profesores que se juegan a los dados la/las/los estudiantes que tendrán en su cama antes del fin del semestre… Nada garantiza, hoy por hoy, que en el mundo académico no se repitan las imágenes más nefastas de la sociedad.

Urge una gran revolución en la educación para que el mundo académico te acompañe en el proceso de construirte como mejor ser humano, profesional y ciudadano. Ese sería un sistema educativo de calidad.