Un día hace... ya debe ser un año, mi amiga Valeria me preguntó ¿qué pasa en Ecuador? Contestarle me llevó mucho tiempo. No sabía cómo ordenar todo lo que me gustaría decirle, todo aquello que callo o que digo a medias porque no quiero herir susceptibilidades.
La pregunta de Valeria tardó meses en llegar pero recibió una respuesta de casi treinta páginas. Cada párrafo fue un desahogo, un repaso por anécdotas y desasosiegos. Creo que lo que más me duele de la la actualidad es la incapacidad de encontrar grises a la situación, de asumir que somos constructores de la realidad que tenemos, aunque nos asuste, aunque nos cueste reconocerlo. Esto que vivimos es un producto nuestro, un reflejo de lo que somos, de nuestras elecciones, aciertos y desaciertos.
Admiro los pueblos que asumen su historia, que no la niegan, que se entristecen por ella pero que la viven como una lección, que desmistifican héroes y dejan de corear consignas marciales. ¿Qué vamos a aprender de esto? ¿A no votar más por Correa? ¿A seguir confiando en él? ¿Existe el político perfecto del cual todo depende? ¿O se trata más bien de aceptar y reconocer las cosas como son y que transformarlas es un proceso largo y sostenido?
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