9 ago 2011

Cuestión de educación


Los estudiantes chilenos están otra vez en las calles demandado educación de calidad. Por acá, por Ecuador, hace años hay mucho silencio. En realidad no recuerdo una sola manifestación estudiantil demandando educación de calidad: se ha exigido gratuidad, disminución en el pasaje urbano o se han sumado a las solicitudes de los grandes sindicatos, pero no han exigido educación de calidad.

¿Qué significa educación de calidad? ¿Qué sistema educativo de calidad quisiera? Uno en donde se acompañe al alumno, se vean sus capacidades más allá de sus notas, se lo aliente y no se lo humille; uno en el que los profesores sean personas de mente abierta dispuestos a entender, a enseñar a los otros a responsabilizarse de sus actos, a ayudar y guiar, a conectar con el ser que todos llevamos dentro y no solo a sancionar. Anhelo un sistema educativo en donde aquellos a quienes se vea con cualidades de inteligencia, humildad, paciencia y fomento de la libertad sean quienes eduquen. Me gustaría que los administradores del sistema (rectores, decanos...) no se preocupen por perpetuarse en el puesto o dejar en él a sus familiares o aliados políticos, sino que piensen en cómo brindar las mejores condiciones de enseñanza desde lo académico pero sin olvidar lo logístico, jurídico, nutricional, la salubridad ni el espacio físico.

Si tan solo los profesores transmitieran pasión por lo que enseñan y lo convirtieran en un juego, las puertas del aprendizaje se abrirían. Si se recordara día a día que aprender supone esfuerzo y que la exigencia debe ser valorada y no se debería huir de ella (pienso en los miles que buscan los profesores más fáciles porque lo único que les interesa es aprobar la materia), se vería más que la nota, el progreso en el aprendizaje. Si se planteará que la cívica es el respeto por el otro y que lo único antinatural es la intolerancia tendríamos ciudadanos más claros de sus deberes. Si los padres dejaran de infantilizar a sus hijos y los ayudasen a aceptar con paciencia y cariño sus dificultades y problemas (antes de exigir nuevos exámenes), no habría tantos problemas de ego y de maltrato entre compañeros de clase. Si se enseñase a admirar al otro en sus esfuerzos, a no juzgar, a ser humilde y agradecido por los logros propios y heredados, a saber que un título académico solo es una licencia que te permite hacer profesionalmente lo que siempre has soñado y no te sitúa encima de nadie, entonces tendríamos un mundo más amable, consciente del valor de cada individuo. Si se enseñase a ser creativo, a construir el propio trabajo, a tener esperanza en la propia vida (tenerla en el mundo es demasiado) en lo que se puede hacer con la propia vida, estoy convencida de que tendríamos menos amargura y desazón.

Se trata también de poner límites a quienes tienen más poder: la ética docente no puede permitir las relaciones románticas de profesores con estudiantes, ni ningún otro tipo de abuso de autoridad; debe cuestionar y evitar el nepotismo; castigar cualquier tipo de maltrato (emocional o físico) porque los insultos directos a los estudiantes no pueden permitirse; y ninguna autoridad puede manipular políticamente a los estudiantes bajo ningún concepto ni criterio. El sistema debe también promover y exigir mayor trabajo académico de sus docentes y evaluarlos periódicamente: los cargos no pueden ser vitalicios.

Lo que veo día a día en el sistema educativo me llena de tristeza: el plagio es la ley a seguir y se castiga poco (sospecho que los profesores no leen los trabajos de sus estudiantes), el discurso docente se repite de memoria porque es lo único que permite aprobar la materia (el enseñar a argumentar no es la norma, es la excepción), quienes logran destacarse académicamente están llenos de egos y poses (lo han aprendido del que tienen al frente), además, ridiculizan a quienes “saben menos que ellos” (no puedo dejar de pensar en Tránsito Amaguaña, esa mujer analfabeta que hizo tanto por la dignidad de su pueblo). A esto sumo profesores que se juegan a los dados la/las/los estudiantes que tendrán en su cama antes del fin del semestre… Nada garantiza, hoy por hoy, que en el mundo académico no se repitan las imágenes más nefastas de la sociedad.

Urge una gran revolución en la educación para que el mundo académico te acompañe en el proceso de construirte como mejor ser humano, profesional y ciudadano. Ese sería un sistema educativo de calidad.

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