2 abr 2011

Beijing: Capital del Norte

Si se busca un paseo por la China antigua, Beijing es el lugar indicado. Ahí se encuentran la Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano, el Templo del Cielo, el Templo de los Lamas, la Gran Muralla y muchísimos edificios y monumentos históricos más. Cada uno de ellos es inmenso: cientos de hectáreas de construcciones y jardines. La arquitectura antigua china se muestra sin mayores diferencias en cada uno de estos lugares pero los jardines no dejan de sorprender.

Beijing, además, es la capital política de China y los edificios de gobierno están allí, se ubican antes de la actual puerta de ingreso a la Ciudad Prohibida: la plaza de Tian'anmen comienza y termina entre puertas de la antigua Ciudad Prohibida. Entre las puertas del antiguo imperio, los comunistas levantaron el suyo propio: la plaza se construyó para recibir masivos actos de adhesión al Partido Comunista, iguales a los que suceden en la Plaza de la Revolución en La Habana.

Lo malo de Beijing son los controles: si ya en toda China debes, para entrar al metro, pasar por el escáner tus cosas, no tienes acceso a Facebook (el FB chino se llama Tagged y los chinos no saben de ninguna otra red social) ni a Twitter ni blogs, en la capital los policías y voluntarios se encuentran en cada esquina, el control se siente cerca, y el miedo a la protesta, también. Además, cuando llegamos se reunía el congreso del PC y en esos días los policías estaban en todo lado.
La ciudad es helada en invierno y un caldero en verano. Cuando llegamos aún había ríos congelados y mucho viento que proviene de la Mongolia. Son frecuentes las tormentas de arena. Arquitectónicamente, Beijing tiene cuatro caras: las construcciones dinásticas, los hutong (callejones laberínticos de casas bajas), los horribles condominios construidos por el comunismo (el buen gusto es burgués y lo burgués… ya sabemos lo que pensaron los hacedores de la Revolución Cultural que –ahora, menos mal- se condena públicamente en toda China), y los nuevos y modernos edificios que comienzan a salvar el paisaje urbano. El polvo la hace gris. Está bien pero no es tan bonita. Nuevamente, los parques y jardines son lo más notable, incluso hay pequeños lagos en medio de la ciudad.

Sin saberlo, viajamos en buena fecha: hubo pocos turistas extranjeros, más turismo interno, y el clima no jugó en nuestra contra. Sin saberlo tampoco, el Tíbet se cerró y no pudimos ir como era nuestra ilusión. Hace unos años hubo una protesta en Lhasa durante la fiesta de la primavera y, desde entonces, el gobierno no da permisos de entrada durante todo marzo y hasta mediados de abril. Además, el Dalai Lama renunció a continuar con la representación política de Tíbet. Seguirá con la representación religiosa. Y el gobierno chino tuvo más razones para cerrar la puertas de acceso a Tíbet.

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